29.6.10

[HISTORIAS DE CIGARRILLOS]

El cigarrillo, o pucho, o faso (años atrás), etc. Es de muchos un compañero, un conector entre personas. Cuantas veces nos hemos encontrado en una zona de fumadores con otro fumador ahí, solos, los dos, y se ha iniciado una charla. Cosa que no pasa en un colectivo donde son también solo dos desconocidos.


Después de que el grupo se reuniese a comer una pizza ellos salieron a fumar un cigarrillo. Ya hace dos meses que compartirán quince horas a la semana juntos y no habían cruzado una simple palabra, mas que un saludo al pasar, y simplemente por respeto.
Salieron, al patio, el por vago y para comenzar las primeras palabras le pidió fuego. Toda la tradición del gracias y el de nada tras la primer pitada se dio como lo es generalmente. Toda esta rutina de conversación es siempre lo que nos deja abierta la puerta a una conversación. Siempre lo es así, la primera palabra es la que de su mano toma a otra, y esta misma repite esto hasta formar una charla entretenida.
Todos los hechos se sucedieron. Ese momento llego, lo raro que se siente apagar el cigarrillo y estar en la duda de entrar nuevamente o seguir charlando. La charla prosiguió. Tal vez para hacerlo menos incomodo fue que ella prendió otro, tal vez para tener una excusa y extender la conversación por unos minutos.
La charla fue tomando un destino interesante para él (no lo se para ella), pero de un momento a otro, el rumbo que estaba tomando; cambio totalmente, un conector inesperado de ella, fue la que hizo este salto en el contenido de la conversación llevándolo a otro lugar. Mas allá de todo esto, ella era interesante, lo hizo reír a el en estos doce minutos que pasaron juntos. Hace mucho que él no reía siendo su risa causada por alguien del género femenino.
Entraron nuevamente, y una enorme felicidad recorrió todo su cuerpo. No solo había reído, noto que había estado sonriendo bastante ya que sus cachetes dolían, no un dolor feo, ese lindo que se siente después de haber estado feliz por algo.


Esta conversación debería haber terminado ahí y para siempre. Pero esa misma noche a la una de la mañana su celular sonó, era ella, y estúpidamente él atendió.

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